Habitamos una realidad táctil en la ke tanto la totalidad de subsistencias carnales como los avatares ke transcurren de sus manos, principian en un instante dado y concluyen en otro empero posterior y subordinado a la duración de las cosas sujetas a mudanza. Tan únicamente este escenario universo ke nos circunda, tanto a vos como al menda, acontece eterno.
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Regular, la potencia de los atributos materiales ke nos caracterizan a cada ente humano por aislado, tal cual radiante belleza o portentoso vigor genital, persigue una curva senoidal la cual principia con los berridos iniciáticos del alumbramiento, adquiere su cénit de máxima expresión en torno a la treintena y a partir de cuya época entra en un incipiente declive ke se agudiza a lo acémila en torno a la colonización de la mitad de centuria. Toda previa alusión computada a ojo de apasionado cubero, ojo al dato.
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A jornada corriente, el destino ha exteriorizado un indicio de decadencia antropológica ante mis desanimados ojetes faciales. Fruto de sequía sexual soportada por tan extenso período y agravada por razonamientos de índole obscena según sentenciaría un confesor de atentados deíficos, me he sentido coaccionado a incrustarme en el evacuatorio, tras de ello clausurar el cagadero de formica vía solícito desplome de su plastificada tapadera y, tras lucir el cipote mustio a la intemperie y aposentarme sobre la hipetérrita cubierta represora de escatológic@s odores y panoramas, he dado rienda suelta a la extremidad prensil diestra en aras a resucitar al cadáver fórmico mediante arrumacos del bálano, previa salivación.
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Una pronta robustez del miembro escoltada, al cabo de un dilatado plis, por alertas neurológicas de incipiente hervor seminal, han amenizado mi conciencia a lo extenso de la cuarta porción de un trío de milenios junto a seis centenas de segundos ke ha persistido la función. Momento este en el cual, más más que menos, la makinaria eyaculatoria de mis cojones inicia el traslado de la leche al entorno o aéreo o visceral.
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Pero pues a dia de hoy mis corpúsculos citológicos se han amotinado contra la tradición y en lugar de promulgar la emisión de picos de goce en compañía de aceleración friccional del capullo, han invertido el desenlace volcánico: la tensión fálica se ha desvanecido poco a rápido, el glande se puso ñoño y gandul pese a mi incesante obstinación a proseguir fricándolo, mis desvaríos mentales han sacrificado su argumento erótico por otro urologíco y, a guisa de colofón al derrotista altercado, he peregrinado a este muro de las lamentaciones tras arrojar la toalla manoseadora.
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Plausible acaece ke mi sensualidad se halle repiketeando el portón de la senilidad genital. Mas no por ello oséis temer por el sacrificio de mi tendencia a ergotizar puesto ke hállome dispueto a erigirme en un cachondo viejo verde ke ejecute de brújula moral de esas nuevas generaciones dispuestas a invertir su ímpetu y su arriesgado temperamento para despreciar las ruedas de molino con ke ancian@s al mando del timón de este grano de arena azul pretendan obligarles a comulgar. Amén.
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